Parte IV
El interregno
«Nuestra herencia no está precedida por ningún testamento.» — René Char, Hojas de Hipnos, frag. 62 (1946) — fragmento que Hannah Arendt elegiría como epígrafe de Entre el pasado y el futuro (1961)
Diagnosticado el ocaso del Orden y examinados sus aspirantes, queda la pregunta más incierta: ¿qué viene a continuación? ¿Qué forma puede tomar el mundo en las próximas dos o tres décadas?
Esta parte aborda esa pregunta sin pretender resolverla. Las predicciones sobre el futuro político global suelen envejecer mal y a la vista de todos: los expertos que en 1985 anunciaban el inevitable triunfo del modelo soviético no vieron venir su colapso en 1989; los analistas que en 2001 proclamaban la paz democrática universal no anticiparon el ascenso autoritario de China, Rusia, Turquía e India; los economistas que en 2006 garantizaban la solidez del sistema financiero global no detectaron la crisis que estallaría dos años después.
Pero la modestia no significa renuncia. El futuro no se deja predecir; el rango de futuros plausibles, en cambio, sí se deja delinear —los escenarios verosímiles entre los que se moverá lo que venga— y se pueden sopesar sus probabilidades relativas. Eso es lo que harán los dos capítulos que vienen. El Capítulo 11 describe la naturaleza del periodo en el que ya estamos: un mundo sin hegemón, partido en bloques regionales que ya no se reconocen entre sí, donde las viejas reglas ya no funcionan y las nuevas no han sido escritas. El Capítulo 12 explora los cuatro escenarios principales que pueden tomar forma más allá del interregnointerregno: una multipolaridad fracturada con esferas de influenciaesferas de influencia regionales —ya en curso—; una nueva bipolaridad organizada en torno a la rivalidad entre Estados Unidos y China; un orden liberal reducido y reformado —un Orden Lite— que coexiste con espacios no liberales; y, improbable pero devastador, un colapso descontrolado del sistema.
De ninguno de estos escenarios saldrá un mundo enteramente nuevo de la noche a la mañana. Lo más probable es que el mundo pase décadas en un estado mixto, ambiguo, con elementos de los tres conviviendo a la vez en distintas regiones del planeta. Esa ambigüedad —no la sustitución limpia de un orden por otro— es lo que define al interregnointerregno: no la orilla de partida ni la de llegada, sino el tramo de puente que se quebró en el medio, con las dos riberas firmes y nada que las una. Aprender a operar en él es la tarea política del periodo.