Parte IV

El interregno

Puente roto en su centro: dos orillas firmes sin conexión entre ellas

«Nuestra herencia no está precedida por ningún testamento.» — René Char, Hojas de Hipnos, frag. 62 (1946) — fragmento que Hannah Arendt elegiría como epígrafe de Entre el pasado y el futuro (1961)

Diagnosticado el ocaso del Orden y examinados sus aspirantes, queda la pregunta más incierta: ¿qué viene a continuación? ¿Qué forma puede tomar el mundo en las próximas dos o tres décadas?

Esta parte aborda esa pregunta sin pretender resolverla. Las predicciones sobre el futuro político global suelen envejecer mal y a la vista de todos: casi nadie vio venir , ni la Primavera Árabe de 2011, ni la pandemia que paralizó al mundo en 2020.

Pero la modestia no significa renuncia. El futuro no se deja predecir; el rango de futuros posibles, en cambio, sí se deja dibujar, y se pueden sopesar sus probabilidades. Eso es lo que harán los dos capítulos que vienen. El Capítulo 11 describe la naturaleza del periodo en el que ya estamos: un mundo sin hegemón, partido en bloques regionales que ya no se reconocen entre sí, donde las viejas reglas ya no funcionan y las nuevas no han sido escritas. El Capítulo 12 sopesa los escenarios que pueden tomar forma más allá del interregno, del más probable al más devastador.

De ninguno de estos escenarios saldrá un mundo enteramente nuevo de la noche a la mañana. Lo más probable es que el mundo pase décadas en un estado mixto, ambiguo, con elementos de los cuatro conviviendo a la vez en distintas regiones del planeta. Esa ambigüedad —no la sustitución limpia de un orden por otro— es lo que define al interregno: no la orilla de partida ni la de llegada, sino el tramo de puente que se quebró en el medio, con las dos riberas firmes y nada que las una. Aprender a operar en él es la tarea política del periodo.