JC G·
JC G·

Parte V

El ciudadano en el interregno

Una figura humana sentada en una banca de plaza pública, el periódico cerrado sobre las rodillas, las fachadas de las instituciones al fondo iluminadas pero sin gente

«No hay época que no se piense a sí misma como el final, y muy pocas que sepan distinguir el final de la transición.»cuaderno abierto, anotación tardía

Cuatro partes de diagnóstico para llegar a esto: las épocas se acaban, el Orden Internacional Liberal se vació mientras las democracias que lo sostenían se gastaban por dentro, otros modelos —el capitalismo de Estado chino, el autoritarismo digital— se asoman al hueco, y el interregno ya tiene nombre y forma, con sus escenarios al horizonte de 2055. Todo eso describe el mundo. Falta la pregunta que el lector atento ha venido cargando en privado mientras lee, la que ningún diagnóstico contesta por él: ¿y yo qué?

Esa pregunta no es una. Son dos, enlazadas, y solo se las toma en serio si primero se las separa.

La primera es cívica. Si las instituciones siguen ahí pero por dentro están vacías, si los partidos ya no se pelean por la dirección del mismo barco sino por si seguir en el barco, si la rabia entre votantes se intensifica al mismo tiempo que el debate se vuelve más pobre: ¿cómo se participa en ese sistema sin romperlo y sin quemarse en él? Es una pregunta de cuánta energía darle, no de a quién dársela. El capítulo trece la toma.

La segunda es personal. Aceptada una postura cívica, queda la pregunta más íntima: cómo se vive con sentido un periodo en el que las certezas viejas se cayeron y las nuevas todavía no llegaron. ¿Qué cartas me tocaron? ¿Qué hago con ellas? ¿En qué creo, cuando los relatos heredados ya no me sirven? ¿Cuánto puedo cambiar antes de quedarme sin yo? El capítulo catorce las toma.

Las dos capas están enlazadas. La cívica sin la personal se vuelve trámite — saber qué hacer sin saber para qué. La personal sin la cívica se queda sola — saber para qué sin saber qué hacer con los demás. Ninguna de las dos se contesta una sola vez. Cada quien irá rehaciendo la respuesta cuando la política o la vida muestren un dato nuevo.

Lo que sigue no se ofrece como respuesta final. Se ofrece como invitación a hacérsela uno mismo, con las dos manos.