Parte V · Capítulo 37

Ahorrar en tres pasos

A comienzos de los años setenta, un psicólogo de la Universidad de Stanford, Walter Mischel, sentó a un grupo de niños frente a un malvavisco y les hizo una oferta tentadora: podían comérselo de una vez, o esperar quince minutos sin tocarlo y entonces recibir dos. Después salía del cuarto y los dejaba a solas con el dulce. Algunos aguantaban; la mayoría, no.

Durante años ese experimento se contó como la prueba de que el éxito en la vida, ahorrar incluido, depende de una virtud escasa que se llama fuerza de voluntad: quien la tiene, prospera; quien no, se come el malvavisco. Pero cuando otros investigadores repitieron el experimento con niños de orígenes más variados, buena parte de esa supuesta fuerza de voluntad resultó ser otra cosa disfrazada: el ingreso de la casa y el entorno donde cada niño había aprendido, o no, a confiar en que mañana también habría comida.

Y ahí, en esa distinción, empieza de verdad la historia del ahorro.

Ahorrar dinero no depende de nuestro ingreso solamente y va mucho más allá de acumularlo.

Las finanzas personales pueden ser tan sencillas o complejas como queramos; sin embargo, al final del día, estas se reducen a las decisiones que tomamos sobre cuatro variables: la cantidad de dinero que guardamos o gastamos, la tasa de interés que pagamos o que nos pagan, los riesgos que enfrentamos y, sobre todo, el tiempo. Uno de los momentos en los que mejor podemos ver esto en práctica es a la hora de ahorrar. ¿Qué significa, entonces, y cómo se hace bien?

El primer obstáculo que tenemos que superar no es el que solemos creer. Durante años el consejo vino con un regaño incorporado: si no ahorras, es porque te falta disciplina para aguantar la tentación de un gusto pequeño hoy a cambio de uno más grande mañana. Ganar más ayuda, por supuesto. Pero la evidencia reciente le dio la vuelta a esa historia.

En 2024, un equipo de investigadores encabezado por de Almeida reunió la evidencia de casi 112 mil personas en un gran meta-análisis publicado en el Journal of Economic Psychology, y llegó a un hallazgo incómodo: la escasez de dinero, por sí sola, deteriora nuestro desempeño mental. El efecto es moderado, y cae bastante cuando se tiene en cuenta la educación (que a su vez suele venir de haber tenido recursos), pero la dirección va justo al revés del sermón de siempre. No es que a quien le falta plata le falte voluntad para ahorrar; es que tener poco le cobra por adelantado la voluntad que necesitaría.

Es exactamente lo que en otro momento llamé el ancho de banda mental. Nuestro cerebro, como la conexión a internet de la casa, tiene un ancho limitado; y la preocupación por llegar a fin de mes ocupa casi todo el canal. Pedirle más fuerza de voluntad a alguien a quien la escasez ya le saturó ese ancho es como pedirle que corra más rápido cuando ya va sin aire.

La buena noticia es enorme: si el obstáculo es de estructura y no de carácter, la solución también. La salida es de ingeniería, no de forcejeo. Se trata de diseñar un entorno donde ahorrar no le pida permiso a nuestra voluntad. De eso, exactamente, tratan los tres pasos que siguen.

El segundo obstáculo es que existen muchas formas de entender qué significa ahorrar dinero. Para unos es ganarse un descuento a la hora de las compras; para otros, guardar monedas y billetes en una alcancía o dejar quieto un dinero; para otros, invertirlo a medida que lo van acumulando. Pues bien, ahorrar bien implica esas tres cosas a la vez, y concentrarnos en una sola puede hacernos perder buenas oportunidades.

Paso 01 - ahorrar dinero liberándolo del gasto

Una de las formas más sencillas de ahorrar dinero es buscar descuentos o maneras de pagar menos por lo que "normalmente" consumimos.

Esto parece demasiado lógico y, sin embargo, no resulta fácil llevarlo a la práctica. La razón es que la mayoría de las personas, cuando encuentra un descuento, termina gastando de inmediato en otra cosa el dinero que se ahorró. Ahorrar bien es aprovechar que ya habíamos decidido gastar 100 dólares en el supermercado y que, si al final nos salió en 50, esos 50 son los que debemos liberar del gasto.

Más allá de ahorrar agua o ahorrar energía

A pesar de lo importante que es cuidarnos de ahorrar en servicios públicos, los ahorros más significativos se pueden conseguir a través de la buena gestión de nuestro efectivo. En otro post hablamos de estrategias para reducir nuestro consumo y bajar la cuenta de la energía o del agua en casa; sin embargo, hay dos limitaciones con confiar en ahorrar solo mediante esta estrategia: la primera, es que hay un punto después del cual es virtualmente imposible bajar más la cuenta, la segunda, es que como no vemos físicamente el dinero que liberamos del gasto, simplemente pagaremos la factura y nos gastaremos inconscientemente la parte que nos ahorramos en algo más.

Nuestra recomendación en este punto es montar reglas que trabajen solas, que no dependan de acordarnos en el momento justo (que es, precisamente, cuando la tentación gana):

  • Programa una transferencia automática el mismo día que te cae el sueldo, aunque sean 50 mil pesos, antes de que ese dinero se mezcle con el resto y desaparezca sin que te des cuenta.
  • Activa el redondeo automático que hoy ofrecen muchas apps y bancos: cada compra que haces se redondea hacia arriba y la diferencia se va, sola, a tu ahorro.
  • Si tenías planeado pagar 100 dólares por algo y con un descuento te salió en 50, aparta esos 50 en ese instante, antes de que la cabeza los reasigne a otro antojo.

La idea es sencilla, y a la vez le da la vuelta al sentido común: gastemos lo que nos quede después de ahorrar, en lugar de ahorrar lo que nos quede después de gastar.

Paso 02 - ahorrar dinero acumulándolo

En este punto, podemos conectar el ahorrar mediante descuentos con ahorrar acumulando.

Uno de los grandes problemas que tenemos al ahorrar dinero es que es muy difícil confiar en el poder acumulativo de las pequeñas cantidades. En otras palabras, creemos que ahorrar una moneda es tan poca cosa que puede sernos más útil al utilizarla en el minuto siguiente para comprar algo. Sin embargo, uno de los secretos del ahorro está en escoger un producto o un medio para acumular cada peso que podamos liberar del gasto.

En este paso, lo que vale la pena hacer es encontrar formas de guardar el dinero ahorrado que lo mantengan alejado de nuestra tentación de gastarlo. Y no es un consejo menor: el principal enemigo de nuestros ahorros somos nosotros mismos.

Y aquí no estamos improvisando. En Chile, los economistas Kast y Pomeranz hicieron el experimento con personas de bajos ingresos: a un grupo, sencillamente, le dieron una cuenta de ahorro separada, un lugar aparte donde poner su plata. Sin cursos de disciplina, sin sermones sobre la fuerza de voluntad. Solo la cuenta. Con el tiempo, su deuda de corto plazo cayó cerca de un 20%. La cuenta separada hizo, sola, el trabajo que le pedíamos a la voluntad.

La gran mayoría de nosotros entiende ahorrar como guardar un dinero, y está bien: de hecho, las alcancías funcionan muy bien como un medio para recordarnos que es importante hacerlo. No obstante, nuestra sugerencia es aprovechar también medios como las cuentas de ahorro, las aplicaciones que funcionan como cuentas simplificadas o los fondos de inversión colectiva de perfiles muy conservadores.

Ahora bien, en cierto punto, quedarnos solo en la alcancía o la cuenta de ahorros no es suficiente. Primero, porque acumular mucho dinero o por mucho tiempo lo enfrenta a uno de sus peores enemigos: la inflación. Es decir, al hecho de que perderá capacidad de comprar cosas por el hecho de que, naturalmente, los precios de los bienes en una economía tienden a aumentar con el paso del tiempo.

Acumular dinero y dejarlo quieto es una buena estrategia mientras logramos la base mínima para llevarlo a cualquier producto de inversión. Si acumulas en exceso y tienes, por ejemplo, 5.000 dólares en tu cuenta de ahorros… ¡felicidades por ese ahorro!, pero a partir de cierto punto puede ser una oportunidad desperdiciada.

Paso 03 - ahorrar dinero invirtiéndolo

Es aquí donde el ahorro entendido como acumular dinero lo debemos conectar con la inversión. Ahorro e inversión no son cosas distintas, no necesariamente.

Invertir es una forma de aprovechar lo que hemos acumulado para que empiece a producir más dinero por sí mismo, y una vez llegamos a este punto, será cuestión de seguir alimentando nuestro ahorro con lo que no nos gastamos y que pudimos acumular. Luego de eso, la paciencia y la constancia serán las claves para que siga creciendo.

Así como es importante empezar a ahorrar, aunque sea separando las monedas que quedan en nuestro bolsillo al final del día, también vale la pena empezar a buscar productos básicos de inversión que sean, en principio, muy a la vista, es decir, que cuando necesitemos el dinero, podamos retirarlo. Esto lo digo, porque el primer ahorro que creo que todos deberíamos tener es nuestro fondo de emergencias, un dinero para el "por si acaso"; una vez hayamos logrado ese fondo, podemos buscar nuevos productos para ahorros de más largo plazo, y a medida que vayamos logrando más capital podemos buscar asesoría y opciones más atractivas en términos de rentabilidad.

Otra opción que vale mucho la pena considerar son los fondos de inversión colectiva. Mecanismos mediante los cuales podemos empezar a invertir en la bolsa, en mercados internacionales o incluso en proyectos inmobiliarios desde apenas 10 mil pesos (menos de 4 dólares).

Principios básicos para poder ahorrar

Ahorrar dinero de manera inteligente es entender que todas las formas de ahorro están conectadas; que un descuento puede traducirse en dinero que vamos acumulando y luego en dinero que podemos invertir y seguir alimentando ese proceso cada semana; es una habilidad que se puede entrenar paso a paso, peso a peso y que podemos fortalecer al entender por qué el dinero es importante para nosotros y cuál es el propósito o los propósitos por los que estamos dispuestos a ahorrar.

Al final, ahorrar se parece menos a resistir el malvavisco con los dientes apretados, y más a levantarse y salir del cuarto donde está el malvavisco. Menos fuerza de voluntad, más entorno bien diseñado.

Esta palabra contiene una pista en sí misma, si lo que queremos es la tan anhelada libertad financiera, independientemente de cómo la entendamos, no olvidemos que ahorro viene del árabe Hurr que significa “libre”, que no es esclavo; el primer paso entonces, hacia la libertad financiera no está en comprarnos todos los libros que la prometan, está en liberar los primeros 10 o 100 dólares mañana o pasado mañana que pagan. Manos a la obra.

Publicado originalmente en Tranqui Finanzas (2017) · archivo ↗