Un buen navegante y un turista perdido pueden llevar el mismo mapa; lo que los distingue es que el navegante sabe a dónde va. Cuando la ruta se cierra, se desvía, improvisa y llega igual; el turista se paraliza en el primer imprevisto.
Con nuestras finanzas personales pasa algo parecido. Nuestra vida se define por un mapa de decisiones que cada uno de nosotros debe recorrer. Muchas de estas decisiones son, además, comunes a una gran cantidad de personas y parecen tener un momento “ideal” para tomarse en nuestro ciclo de vida: abrir una cuenta de ahorros antes o durante la universidad, planear la comprar un carro tras algunos años de haber empezado a trabajar, obtener una tarjeta de crédito con los primeros trabajos, comprar una casa al tener una familia, etc.
Sin embargo, el número de opciones que tenemos, la secuencia en que terminamos tomamos estas decisiones y el nivel de consciencia al planear o hacerlo invalida, en cierto modo, los momentos “ideales” o las verdades absolutas sobre lo que está bien y lo que está mal hacer o dejar de hacer en nuestras finanzas personales.
Por esta razón (por el hecho de que el calificativo “personales” en finanzas no hace referencia a “todas las personas” sino a cada uno de nosotros de manera individual) es necesario indagar por las motivaciones y significados que cada quien tiene frente al dinero y sus recursos antes de planear nuestras finanzas personales. Ahora bien, una vez realizado el ejercicio completo, deberíamos entender el plan financiero como una guía, un derrotero, en lugar verlo como un libro de instrucciones.
Antes de empezar un proceso de planeación financiera vale la pena aceptar que, a pesar del plan, siempre terminaremos desviándonos, aunque sea poco, del camino originalmente trazado: gastaremos en algo que no teníamos planeado, tendremos tres hijos en lugar de los dos que planeábamos, el contrato que era seguro se tardará varios meses más de lo previsto…
Planear en finanzas personales se trata de tener realmente claro qué es lo que queremos, de forma que no nos dejemos distraer por el último celular, la última colección de los almacenes de ropa, la nueva casa o el nuevo carro de nuestros amigos.
En consecuencia, la primera pregunta que deberíamos hacernos antes de hacer la planeación de nuestras finanzas es: ¿por qué este proceso es importante para nosotros? ¿Por qué el dinero es importante para nosotros?
Esta pregunta nos ayuda a entender nuestros valores frente al dinero. Generalmente el por qué (por qué es importante el dinero para mí, por qué he estado ansioso por el dinero últimamente, por qué trabajo tan duro) esconde deseos y miedos profundos sobre los que, a diario, no tenemos la oportunidad de reflexionar porque estamos muy ocupados o distraídos. Reconocer lo que realmente nos importa en este momento de nuestras vidas es el primer paso hacia la toma de decisiones financieras que estén sincronizadas con nuestros valores y lo que verdaderamente nos motiva.
Preguntarnos por qué el dinero es importante para nosotros saca a la luz lo que sentimos con el dinero, la mitad que los números solos no alcanzan. Valores y números, en ese orden. Y, dado que siempre es más fácil hablar de números que de nuestras emociones y deseos profundos, es la mejor vía para hacer realmente un proceso personal y planear nuestras finanzas personales.
Ahora bien, como se trata de una pregunta que no estamos acostumbrados a hacernos y cuya respuesta no es tan evidente, podríamos empezar por buscar pistas respondiendo a: ¿cómo gastamos nuestro tiempo en este momento de nuestra vida?, ¿cómo gastamos nuestro dinero en este momento de nuestra vida?, ¿estamos a gusto con ambas?, ¿por qué?, ¿qué cambiaríamos?
Empezar por contestar estas preguntas nos llevará naturalmente a la respuesta sobre por qué el dinero es importante para nosotros, entre otras, porque la forma en la que invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero siempre dicen algo sobre a qué le asignamos valor. Démonos el permiso de pensar en el dinero de maneras diferentes y no olvidemos que, atadas al mismo, existen otras formas de capital como nuestra energía, nuestro tiempo y nuestras habilidades.
De acuerdo con Carl Richards, planear nuestras finanzas se trata, en últimas, de ser totalmente honestos sobre a dónde queremos ir, tener perfectamente claro en dónde nos encontramos ahora, y hacer el mejor ejercicio posible de prospectiva para encontrar la forma de cerrar la brecha entre ambos escenarios.
Y ahí está la pregunta que este ejercicio suele dejar en el aire: ¿basta con tener claro el porqué? No del todo. El porqué fija el rumbo, pero no recorre el camino por nosotros. Tener claro para qué queremos el dinero es apenas la mitad del viaje; la otra mitad es ponerle rieles a esa intención: automatizar el ahorro, dejar los aportes en débito automático, armar un plan de «si pasa esto, entonces hago aquello». No en vano Daniel Fernandes y sus colegas encontraron en 2014 que las fórmulas genéricas de educación financiera explican apenas un 0,1 % de lo que la gente termina haciendo con su plata. Lo que mueve la aguja es más humilde y más difícil: saber a dónde vamos y montar la estructura que nos lleve hasta allá.
La pregunta del porqué constituye un paso muy simple para empezar. Sin embargo, simple no significa fácil: se trata de una pregunta que nos pondrá cara a cara con nuestros miedos sobre el dinero y dejará al descubierto si nuestros comportamientos están alineados o no con nuestras metas. Copiar los hábitos ajenos o coleccionar reglas de oro rara vez sobrevive al primer desvío: las reglas sirven para todos y, justamente por eso, no le sirven del todo a nadie. Planear las finanzas personales es, al final, un ejercicio de autoconocimiento: darse cuenta de qué funciona para cada uno de nosotros y luego actuar. Volvamos al navegante del principio: llega a su destino porque lo tiene claro, y por eso, cuando la ruta se cierra, un desvío sigue siendo apenas un desvío. Empezar por el porqué es ponernos ese destino delante antes de trazar la primera ruta. ¡Manos a la obra!
Publicado originalmente en Tranqui Finanzas (2018) · archivo ↗