Cuenta un viejo chiste de estadística que un hombre se ahogó cruzando un río que, en promedio, le daba a la cintura. El dato era cierto y no le sirvió de nada: en la mitad del cauce había un pozo que le pasaba por encima de la cabeza, y el promedio, tan tranquilizador, le escondió justo el tramo hondo.
Con el dinero nos pasa lo mismo, casi siempre por culpa de una herramienta que usamos mal. El presupuesto es la herramienta por excelencia que todo blog o libro de finanzas personales recomienda para tener el control de nuestro dinero; sin embargo, la forma en la que tradicionalmente se usa podría no ser la más adecuada para asegurarnos de hacer rendir nuestro sueldo. El total del mes es ese promedio: nos jura que hay plata de sobra y nos esconde el pozo del día 7, esa semana en la que el agua ya nos llega al cuello aunque en el papel todo cuadre.
Qué es un presupuesto
En estricto sentido, presupuestar significa calcular anticipadamente los ingresos y los gastos mensuales de cualquier actividad económica. Leído de otra manera, se trata de un conjunto de suposiciones acerca de lo que sucederá con nuestras finanzas en el futuro.
Cuándo y cómo hacer un presupuesto (forma tradicional)
Siempre que queramos tener una idea sencilla de cuánto dinero tenemos y en qué nos lo gastaremos en los próximos días, semanas o meses, es conveniente hacer un presupuesto.
Usualmente, se recomienda hacerlo siempre antes de tener el dinero en nuestras manos y para periodos de tiempo ni muy cortos (pocos pueden con el hábito de presupuestar a diario, aunque inconscientemente lo hagan) ni muy largos (porque es más probable que no lo cumplamos); digamos que hacerlo una vez cada mes es la opción por defecto.
Para hacerlo basta seguir los siguientes pasos:
- Decidir el periodo de tiempo para el que estamos presupuestando.
- Hacer una lista de todos los ingresos que nos llegarán en ese periodo de tiempo.
- Sumar los valores de nuestros ingresos para obtener el ingreso total.
- Hacer una lista de todos los gastos que tendremos que realizar en ese periodo de tiempo.
- Sumar los valores de nuestros gastos para obtener el gasto total.
- Restar el valor de nuestros gastos del valor de nuestros ingresos.
- Analizar el total.
El total de nuestro presupuesto debe ser siempre positivo; cuando menos debe ser igual a cero. Esta última opción, sin embargo, es muy poco recomendable. La razón es que entre más justo sea nuestro presupuesto menos espacio tenemos para imprevistos y, en caso de presentarse uno, puede que nos toque buscar un préstamo o empezar a dejar de pagar las deudas que ya tenemos o sacrificar algunos de nuestros gastos básicos.
Por qué el presupuesto tradicional no resulta tan efectivo
Es claro que se trata de una herramienta muy simple y muy útil para ayudarnos a decidir cuánto queremos y podemos gastar en un momento dado; sin embargo, esta forma de hacerlo tiene un enorme problema para la mayoría de personas: asume que todos los gastos y todos los ingresos se hacen en el mismo momento.
Considera la siguiente situación:
Tienes dos pagos quincenales en el mes, los días 1 y 15. Sin embargo, el día 5 tienes que pagar el arriendo (que equivale a la mitad de todos los ingresos del mes), el día 10 tienes que pagar servicios públicos y diario debes tener dinero para el transporte y la alimentación. Después del día 15 no tienes cuentas para pagar y solo debes preocuparte por los gastos más básicos.
Si le diéramos valores e hiciéramos un presupuesto para esta situación, probablemente sería positivo; es más, seguramente usaríamos el dinero que nos sobra para salir de fiesta y darnos gustos en la segunda quincena. Sin embargo, lo más probable es que para el día 7 del mes (una semana antes de recibir el segundo pago de nuestro salario) ya no tengamos dinero y tengamos que pedir prestado o hacer algún avance en la tarjeta de crédito mientras nos llega la quincena.
Y no es simple mala suerte nuestra. Con datos bancarios de alta frecuencia, los economistas Xu, Meng, Zhang y Koo documentaron en 2025 lo que bautizaron como el ciclo de consumo del día de pago: el gasto se dispara apenas cobramos y va cayendo a medida que se acerca el siguiente pago, incluso en hogares que no tienen ningún problema de liquidez. El culpable vive en la cabeza: un sesgo que le da casi todo el peso al presente y una especie de presupuesto mental que se pone en ceros cada quincena, como si el mes volviera a empezar cada vez que entra la plata.
En este escenario, el presupuesto, hecho de la manera tradicional, puede ser una herramienta engañosa para nuestras finanzas. ¿Qué podemos hacer entonces?
Cuándo y cómo hacer un mejor presupuesto (usando un flujo de caja)
Un flujo de caja es, en palabras muy básicas, un presupuesto que tiene en cuenta no sólo cuánto gastamos sino cuándo gastamos. El flujo de caja nos permite ver cuánto dinero en efectivo tenemos disponible en un momento determinado y, como tal, es una de las mejores herramientas de planeación que podamos integrar en nuestras finanzas personales. ¿Quieres saber cómo se hace?
En su esencia es idéntico a un presupuesto, con la diferencia que agregamos toda la información sobre cuándo tendremos ingresos y gastos. Miremos:
- Definimos un periodo de tiempo para el cual vamos a planear (ej. una semana, un mes, un trimestre, un semestre).
- A diferencia de la forma tradicional, también definimos cada cuánto vamos a calcular cuánto dinero tenemos (ej. cada día, cada semana). En este sentido, tendríamos, por ejemplo, un presupuesto diario para un mes; o un presupuesto semanal para un trimestre.
- Hacemos la lista de los ingresos que recibiremos en el horizonte para el cual estamos planeando y, a diferencia de la forma tradicional, ubicamos cada uno de esos ingresos en la fecha (día o semana) en el cual lo vamos a recibir.
- Hacemos la lista de los gastos que tendremos en el horizonte para el cual estamos planeando y, a diferencia de la forma tradicional, ubicamos cada valor en la fecha (día o semana) en el que tendremos que pagarlo.
- Empezando por el primer día o semana, restaremos los gastos de los ingresos correspondientes y sacaremos el total al final de ese mismo día o esa misma semana.
- Ese total (que es el saldo final del día 1, p.ej.) lo incluiremos a los ingresos del siguiente día o semana, le sumaremos los ingresos de ese momento, y le restaremos los gastos correspondientes, para tener un nuevo saldo final.
- El saldo final del día 2 (o semana 2), lo llevaremos como saldo inicial (antes de los ingresos) al día 3 (o semana 3) y volveremos a sumarle los ingresos de ese día (o semana), y luego a quitarle los gastos correspondientes. Y así sucesivamente.
Este ejercicio es recomendable hacerlo utilizando una hoja de cálculo en Excel o Numbers; sin embargo, también se puede hacer de forma manual.
Qué ventajas tiene un flujo de caja frente al presupuesto tradicional
Como verás, el poder de este ejercicio radica en que podemos predecir con mucha mayor certeza, si hay un día o una semana en el mes en el que nos está faltando dinero y, a partir de aquí, ver cómo podemos hacer una mejor distribución de nuestros gastos para evitar tener que acudir a la deuda como mejor solución.
La razón por la que recomendamos este método de presupuesto por encima del tradicional tiene que ver con dos conclusiones a las que hemos llegado después de repetir estos ejercicios cientos de veces: la mayor parte de los problemas financieros se originan por una inadecuada planeación de los gastos, y una parte importante de los problemas de falta de dinero puede arreglarse con hacer una redistribución del gasto en lugar de un recorte del mismo. En el fondo, la mayoría de los apuros de plata son un problema de calendario antes que de cantidad.
Otra ventaja de hacer un flujo de caja y no un presupuesto de la forma tradicional, es que podemos tener más control sobre los gastos que no se repiten mes a mes (como pagos de seguros, matrículas o impuestos), porque tenemos que ubicar cada gasto en la fecha en que se produce (en lugar de hacer un promedio mensual, que es una planeación que generalmente no se corresponde con lo que hacemos en realidad). De esta forma, podemos ver que puede que haya a futuro gastos muy grandes para los que tendremos que empezar a guardar dinero desde hoy y decidir la mejor forma de hacerlo.
Ahora bien, seamos honestos: ver venir el pozo en la hoja de cálculo no basta por sí solo. Como nos recuerda ese ciclo del día de pago, tener la plata a la vista muchas veces nos tienta a gastarla, y el flujo de caja más ordenado del mundo no apaga el sesgo que nos empuja a darnos el gusto apenas cobramos. Por eso conviene emparejarlo con un par de anclas que no dependan de nuestra fuerza de voluntad: apartar el dinero de las cuentas grandes el mismo día en que entra el sueldo y, en lo posible, correr las fechas de pago que podamos negociar (una cuota, una suscripción) para que caigan cerca de las quincenas y no en la mitad del mes. El flujo de caja nos muestra dónde está el pozo; estas anclas evitan que caigamos en él por pura inercia.
Ahora te toca a ti: siéntate a armar tu propio flujo de caja. Te sorprenderás con las decisiones que puedes empezar a tomar desde hoy para que te sobre menos mes al final del sueldo y arranques tus proyectos de ahorro. Y una vez lo tengas, no lo guardes en un cajón: revísalo cada tanto y ajústalo, que ahí es donde mantienes tus cuentas claras y una buena planeación de tu gasto para los meses que vienen.
Al final, hacer un flujo de caja es medir la profundidad del río antes de meter el pie: uno ve dónde está el pozo del mes y lo rodea con tiempo, en vez de descubrirlo cuando el agua ya le llega al cuello.
¡Manos a la obra!
Publicado originalmente en Tranqui Finanzas (2017) · archivo ↗