Parte V · Capítulo 34

Tres tipos de ahorro

Antes de navegar frente a la isla de las sirenas, Ulises sabía que su fuerza de voluntad no iba a alcanzarle: el canto era irresistible y, si lo escuchaba libre, se lanzaría al mar detrás de él. Así que no confió en resistirlo. Ordenó a sus marineros que lo ataran al mástil y que, oyera lo que oyera, no lo soltaran. No cambió su voluntad; cambió su entorno, y se puso a salvo de sí mismo.

Ahorrar se parece a eso más de lo que creemos, y no somos los primeros en notarlo: los economistas Ashraf, Karlan y Yin titularon su estudio sobre el ahorro justamente así, Tying Odysseus to the Mast, atar a Ulises al mástil. Encontraron que quienes guardaron su dinero en una cuenta que no podían tocar terminaron con cerca de un 80% más ahorrado al cabo de un año. El mensaje es tranquilizador: ahorramos mejor cuando ponemos la plata donde la tentación no nos alcanza, en lugar de exigirnos una disciplina de hierro que casi nadie tiene.

Tener un ahorro es una de esas cosas que muchos queremos hacer pero no todos entendemos bien cómo o para qué. Ya vimos por qué entender la relación entre gasto, ahorro e inversión puede ser útil para empezar a ahorrar inteligentemente, sin importar el ingreso que tengamos (lo que responde a la pregunta del cómo ahorrar). Existen al menos tres objetivos para los que deberíamos empezar a separar un dinero cuanto antes (la pregunta del para qué ahorrar).

Darle un nombre a cada objetivo de ahorro es clave para evitar la tentación de utilizar estos fondos en el momento en que tengamos un antojo o una emergencia que podría solventarse de otra manera; esta es la diferencia entre ahorrar con propósito y solamente acumular dinero para por si acaso. En este sentido, las tres cosas para las que deberíamos estar ahorrando son:

  • Crear nuestro fondo de emergencias.
  • Cumplir objetivos de corto y mediano plazo.
  • Preparar nuestro retiro.

El ahorro y tu fondo de emergencias

Pagar los gastos médicos cuando nos enfermamos o tenemos un accidente, reparar los aparatos del hogar que sin aviso dejan de funcionar, poder cambiar de celular el día que no vuelve a prender, prestar un dinero a un familiar que lo necesita con urgencia, viajar de imprevisto para visitar un ser querido que nos necesita, ...

Es imposible planear cuándo y qué emergencias tendremos en el futuro; sin embargo, podemos estar seguros de que habrá emergencias qué atender en nuestro futuro. Para que nuestra situación financiera no se vea afectada por una eventualidad, o para no tener que acudir a un crédito costoso por el afán es que existe el fondo de emergencias.

En términos básicos, un fondo de emergencias es un ahorro que tenemos sin una destinación puntual, pero con una condición para su uso: debe tratarse de un gasto no planeado y que tenemos que atender de manera urgente. La lógica detrás del fondo es que, ante una emergencia, puede ser más conveniente para nuestras finanzas atenderla con recursos propios en lugar de acudir a la deuda; sobre todo teniendo en cuenta que en Colombia 4 de cada 10 hogares (si bien no son pobres) caerían en la pobreza ante un shock de ingreso.

Más adelante veremos cómo calcular el tamaño de tu fondo de emergencias, escoger un producto adecuado para tener tus recursos guardados y crear el hábito de ahorrar en él.

El ahorro y tus objetivos de corto y mediano plazo

A diferencia del fondo de emergencias, que es un ahorro preventivo, el segundo tipo de ahorro que vale la pena empezar a hacer tiene que ver con las cosas que deseamos hacia el futuro. Considera en este punto, aquellas cosas que por mucho tiempo has querido (viajar, tener un carro, hacer alguna actividad en particular, ...) pero que años después te das cuenta de que no las has podido realizar "porque nunca tuviste el dinero suficiente para hacerlo"; seguramente, también habrás pensado que para ese entonces, si hubieras ahorrado poco a poco, hoy tendrías los recursos necesarios para volver ese deseo realidad. Considera también aquellas cosas que tan pronto te diste cuenta que querías pagaste con tu tarjeta de crédito y luego pasaste dos años pagándolas pensando en que tal vez fue una compra apresurada.

Claramente no vale la pena llorar sobre la leche derramada. Sin embargo, si te sientes identificado con alguna de estas situaciones, es ahora el momento en que puedes empezar a cambiar la forma en la que has cumplido (o no) tus objetivos de corto y mediano plazo.

En finanzas personales, corto plazo puede ser un tiempo entre hoy y tres meses, y que mediano plazo puede ser entre tres meses y un año; cualquier cosa que pensemos a más de un año lo tomaremos como el largo plazo. Al igual que con todas nuestras recomendaciones, no pretendemos que tomes estos horizontes de planeación como una verdad absoluta; considéralos una guía y pregúntate si prefieres definir tus propios rangos de lo que puede ser corto o mediano plazo, o si te sientes bien con estos que te proponemos.

Paso 01 - ahorrar dinero haciendo un lugar en el presupuesto

La mejor forma de ahorrar para esas cosas que queremos hacer o tener en el futuro es empezar por asegurarnos de que nos sobre dinero al final del mes; es decir, que tengamos espacio en nuestro presupuesto para agregar un gasto más (que llevaremos finalmente al ahorro). Si no tenemos espacio, puedes revisar el capítulo sobre cómo hacer un presupuesto utilizando el modelo de flujo de caja.

Paso 02 - ahorrar dinero teniendo claro para qué el ahorro

El segundo paso será definir muy bien tu objetivo; describe detalladamente qué quieres (escríbelo en tu diario, en tu agenda, en un documento en tu computador), cuánto vale (dale un valor mínimo, un valor normal y un valor máximo) y cómo lo puedes adquirir (el proceso que tienes que hacer para hacerlo o tenerlo).

Luego mira cuántos meses tendrías que ahorrar, con el dinero que puedes separar mes a mes, para poder lograr tu objetivo y decide si te sientes a gusto con ese tiempo, o quieres hacer ajustes en tu presupuesto para ahorrar más y lograrlo más rápidamente.

Paso 03 - escoger un producto donde guardar e invertir nuestro ahorro

Finalmente, busca un lugar o un producto financiero en el que separes ese dinero mes a mes. Y el punto no es solo dónde lo guardas, sino que salga solo: lo ideal es programar una transferencia automática el día que te pagan, antes de que el dinero pase por tus manos. La etiqueta y el nombre ayudan a no tocarlo; la transferencia automática es la que de verdad mueve la aguja, porque el principal enemigo de nuestros ahorros somos nosotros mismos. Y entre más difícil sea sacar ese dinero, menos incentivos tienes para gastarlo antes de tiempo. Pero ojo con volver esto una regla ciega: la dificultad para acceder al ahorro sirve para el dinero que no quieres tocar (las metas, el retiro), no para el fondo de emergencia, que justamente existe para el imprevisto y por eso debe estar a la mano. La iliquidez no es una virtud en sí misma; es una herramienta contra la tentación.

Recuerda que no existe un producto ideal. Puedes ahorrar a través de un CDT, por ejemplo, con el problema de que cada vez que vayas a agregar dinero a tu ahorro tendrás que abrir uno nuevo, pero con la ventaja de que no puedes disponer del dinero hasta su vencimiento. En cambio, podrías ahorrar en un fondo de inversión colectiva con la ventaja de que puedes agregar cada mes más dinero a tu ahorro (si es un fondo abierto), pero el problema de que muchos son a la vista y te entregan el dinero tan pronto lo solicites (por lo que queda expuesto a nuestras tentaciones).

Te recomendamos no tener más de tres metas de ahorro al mismo tiempo, a menos de que tengas suficiente dinero para separar entre las mismas, con el fin de que puedas ir logrando en el menor tiempo tus objetivos.

El ahorro y tu retiro

Queda el tercero, y para muchos el más intimidante: el retiro o la jubilación.

Mucho se ha escrito sobre este tema: unos dicen que es posible, otros que ahorrando como lo propone el sistema en nuestro país jamás se tendrá una pensión decente, algunos incluso no creen que los más jóvenes en Colombia lleguen a tener algún día una pensión, varios insisten en que el secreto es lograr la mayor cantidad de ingresos residuales para lograr la libertad financiera y poder dejar de trabajar a los 40, en fin.

El retiro, como cualquier otra decisión financiera, es una elección personal, y su análisis debe ir en línea con nuestros principios y lo que creemos que es importante en nuestra vida. En este sentido, creemos en la importancia de ahorrar para el momento en que queramos hacer un cambio importante en nuestro estilo de vida y nuestra relación con el trabajo, independientemente del cambio que sea.

El retiro es la meta de ahorro de largo plazo por excelencia (para quienes todavía están a diez o más años de lograrlo); por esta razón, es importante mezclar tres principios de las finanzas en el ahorro que hagamos para esta causa:

  • A mayor tiempo ahorrando (e invirtiendo) nuestros recursos, es posible hacer que estos crezcan exponencialmente.
  • Para que esto suceda, es necesario utilizar a nuestro favor el interés compuesto; es decir, reinvertir los intereses o las ganancias que esas inversiones nos den durante el tiempo que esperamos.
  • En inversiones de largo plazo, es posible asumir un mayor nivel de riesgo (hablando de inversiones "tradicionales") porque la tendencia de largo plazo en los mercados financieros suele ser positiva.

Si bien hay muchas estrategias para ahorrar para el retiro; en este artículo nos queremos centrar en uno de los aspectos más complicados de cualquiera de ellas: empezar.

Lo más importante al ahorrar: empezar

Para esto, vale la pena que pensemos por un momento qué significa para nosotros el retiro (¿dejar de trabajar? ¿trabajar pero desde casa? ¿tener nuestra empresa? ¿trabajar pero sin depender del salario para nuestra seguridad?) y qué necesitaríamos si quisiéramos retirarnos (¿dónde viviríamos? ¿qué nivel de gasto tendríamos? ...). Es posible que estas ideas cambien conforme pasa el tiempo; sin embargo, hacernos una primera imagen de lo que nos gustaría nos ayudará también a definir cuánto estamos dispuestos a empezar a ahorrar.

Al igual que con nuestros objetivos de corto y mediano plazo, es necesario que revisemos nuestro presupuesto y decidamos cuánto vamos a separar del mismo para destinar al ahorro para el retiro. Aunque el siguiente cuadro está en pesos mexicanos, puede servirnos de guía para entender la relación que hay entre el monto que separamos y el tiempo durante el cual podríamos ahorrar para retirarnos con una pensión mensual de 50.000MXN (que equivalen a 2.500 USD aproximadamente).

Traduciendo la imagen a pesos colombianos, si ahorras anualmente 10 millones para tu retiro, tendrás que hacerlo durante 40 años para lograr una pensión mensual de un poco más de 7 millones. Si ahorras anualmente 21 millones, puedes lograr la meta en 30 años; y si ahorras anualmente 46 millones, podrías lograr esa meta en tan solo 20 años. Dicho también de otra forma, entre más esperes para empezar a ahorrar para tu retiro, mayor es el esfuerzo financiero que deberás hacer para lograr la meta que establezcas.

Estos cálculos son meramente ilustrativos. Entendemos que hay muchas estrategias que pueden utilizarse para hacer crecer tu ahorro para la pensión; sin embargo, queremos insistir nuevamente en que lo importante es empezar.

En ese sentido, tan pronto decidas cuánto vas a asignar mensualmente para tu retiro, es importante que busques un primer producto donde quieras guardar ese dinero. Entre más complicado sea acceder al mismo, puedes también evitar la tentación de utilizarlo frente a algún antojo o un imprevisto que puedas solucionar con tu fondo de emergencia u otras estrategias.

Manos a la obra

Con este artículo te proponemos que agregues a tu presupuesto tres categorías de gasto más (decimos gasto porque sí van a representar una salida de dinero, aunque se transformen en un activo tuyo):

  • Un ahorro constante para tener tu fondo de emergencias.
  • Un ahorro para lograr los objetivos de corto y mediano plazo que tengas en lugar de pagarlos con deuda o tener que esperar muchos años para lograrlos.
  • Un ahorro para tu retiro.

Estos tres ahorros cubren tus necesidades básicas en la materia: protegerte en caso de una eventualidad y cubrir tus deseos y necesidades de corto, mediano y largo plazo. Fíjate que los tres, vistos juntos, forman una escalera de liquidez: el fondo de emergencia bien a la mano, porque existe justo para el imprevisto; las metas un escalón más difícil de alcanzar; y el retiro, el que más nos conviene amarrar. Salvo el de emergencia, la idea en todos es la misma que la de Ulises: poner la plata donde nuestro yo tentado no pueda llegar. Más adelante veremos entonces cómo crear el más básico e importante de todos: tu fondo de emergencias.

Ya lo sabes, es ahorra o nunca.

Publicado originalmente en Tranqui Finanzas (2017) · archivo ↗