Parte IV · Capítulo 27

La pirámide de prioridades

Conocemos el caso de una persona que, para salir de sus deudas, prefirió vender la casa que había pagado con tanto esfuerzo durante quince años antes que vender su BMW. Entre el techo y el carro, se quedó con el carro. Antes de juzgarla, vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿qué prioridad silenciosa la llevó hasta ahí? Y una todavía más incómoda: ¿cuáles son las nuestras?

Todos cargamos una jerarquía de prioridades parecida, aunque casi nunca la hayamos puesto por escrito. En 1943, el psicólogo Abraham Maslow intentó dibujar la de la especie entera en un paper llamado «Una teoría de la motivación humana». Su idea era sencilla: todos, hombres y mujeres, compartimos una serie de necesidades que se pueden ordenar desde las más básicas hasta las más complejas. Más de setenta años después, y aunque su orden estricto lleva medio siglo en discusión, sigue siendo un marco muy popular en psicología para explicar qué nos motiva y cómo priorizamos nuestros objetivos. A nosotros nos va a servir como mapa, no como ley, y tiene aplicaciones muy interesantes en nuestras finanzas personales.

La pirámide de necesidades

Maslow creía que hay dos grandes tipos de necesidades. Las primeras son aquellas que si no las satisfacemos, nos provocarán inevitablemente ansiedad y estrés; las segundas, tienen que ver con propósitos mucho más profundos y subjetivos como la auto-actualización (que es el deseo de alcanzar todo lo que queremos, o ser lo más que cada uno de nosotros puede llegar a ser), y la auto-trascendencia (que tiene que ver con el deseo de ayudar a los demás y la espiritualidad).

Con el paso del tiempo el orden de estas necesidades se representó utilizando una pirámide como la siguiente:

Las necesidades fisiológicas están en la base de todo. Son requisitos físicos que tenemos que cumplir para sobrevivir como especie, de lo contrario, nuestro cuerpo simplemente no funciona. Aquí encontramos necesidades como respirar, tomar agua, comer, dormir, vestirnos o tener un techo. En teoría, nuestros esfuerzos (y nuestros recursos) deberían dedicarse primero a satisfacer estas necesidades, antes que cualquier otra cosa.

Una vez satisfechas, le damos prioridad a las necesidades de protección. Aquí nos referimos no solo a la seguridad personal, sino también a la seguridad financiera, la buena salud, el evitar accidentes, enfermedades y las consecuencias de los riesgos a los que nos vemos expuestos en el día a día.

El tercer nivel tiene que ver con el pertenecer a un grupo. En este punto las necesidades se vuelven interpersonales y hacen referencia a lo importante que es para nosotros establecer lazos de amistad o relaciones, en general. Aquí hablamos de hacer amigos, de disfrutar de la intimidad con nuestra pareja, de hacer una familia, entre otras. El buscar pertenecer a clubes, grupos religiosos, organizaciones profesionales, ser hinchas de un equipo deportivo, etc., es una consecuencia clara de esta necesidad.

El cuarto nivel es el último de las categorías más básicas: la estima. Hace referencia al deseo de ser reconocidos, de tener un estatus, de gozar de cierta importancia y de obtener el respeto de los demás y de nosotros mismos.

Maslow y nuestras finanzas personales

Aquí entra a jugar la plata: el dinero que ganamos es el medio con el que satisfacemos esas necesidades. Algunas preguntas que vale la pena hacernos en este punto serían: ¿estamos de acuerdo con este orden? ¿a pesar de estarlo, en la práctica ponemos necesidades que están más arriba en el modelo por debajo de otras más básicas? ¿con qué orden nos sentimos a gusto?

Insistimos en estas preguntas porque la persona del BMW es un espejo: casi todos, en algún rincón, defendemos un carro (o su equivalente) antes que la casa.

Podemos obtener algunas lecciones valiosas del modelo de Maslow:

  • El modelo que nos han vendido en finanzas personales de la distinción entre necesidades y deseos puede estar muy mal formulado. La razón es que, en últimas, los deseos también son necesidades.
  • Divertirnos, salir a bailar, ir al salón de belleza, no tienen por qué ser vistos como lujos. Son también necesidades.
  • Lo que pasa es que vale apagar el “piloto automático” que llevamos la mayoría en nuestra vida para preguntarnos cuál es la jerarquía de necesidades que nos define en este momento de nuestra vida.
  • Esto no es otra cosa que preguntarnos qué es lo más importante para cada uno de nosotros.
  • Tener eso claro, nos permitirá tomar mucho más fácil nuestras decisiones financieras y es el mejor seguro contra el arrepentimiento.

La pirámide de necesidades financieras

Bajemos la pirámide de prioridades a términos estrictamente financieros. Recordemos que la pregunta detrás de la pirámide de Maslow es ¿qué cosas priman sobre otras en nuestra vida cuando aparecen al mismo tiempo?

Ojo con un malentendido común: la pirámide no es una escalera con compuertas. No nos dice cuándo terminar un nivel para pasar al siguiente; nos dice cuál necesidad manda cuando dos chocan el mismo día. Por eso un fondo de emergencia arrancador, de apenas un mes de gastos, se construye en paralelo al pago de la deuda cara, y la «plata gratis» (el aporte que iguala el empleador, un subsidio) se captura aunque todavía estemos endeudados.

En finanzas también nos enfrentamos a situaciones en las que tenemos que decidir entre dos alternativas que nos parecen igualmente necesarias: ¿ahorro o pago mis deudas?, por ejemplo. ¿Cómo decidir?

En finanzas personales, la necesidad más básica es garantizar que nuestro flujo de caja (es decir, el dinero que nos queda a final del día y con el que empezamos el siguiente) sea siempre positivo. En otras palabras, asegurarnos de que ganamos más de lo que gastamos. Si esto no cuadra, aparecen el estrés y las preocupaciones y no vale la pena preocuparse de necesidades más complejas.

En el segundo nivel, deberíamos concentrarnos en llevar nuestro endeudamiento a un nivel sano o, incluso, salir totalmente de deudas. Vale la pena que recordemos que, para buena parte de la población, la deuda no es el enemigo de su seguridad económica; el enemigo es el mal uso que hacemos de ella. Una deuda en un nivel sostenible no amenaza nuestro flujo de caja.

En el tercer nivel nos concentraremos en el ahorro: el vehículo con el que podemos acumular activos, protegernos de imprevistos y multiplicar nuestro dinero en el mediano plazo. En este nivel todavía no nos preocuparemos demasiado por la rentabilidad; en principio, buscaremos definir nuestros objetivos de ahorro y proteger nuestro dinero de la inflación y otros riesgos a los que pueda estar expuesto.

En el cuarto nivel adquiriremos seguros y empezaremos a planear nuestros impuestos (si este último aplica). El objetivo en este nivel será crear estrategias defensivas para que una variación en nuestro ingreso o una emergencia no amenacen nuestra sostenibilidad económica, no nos lleven a sobre-endeudarnos para poder cubrirlas, y tampoco tengamos que sacrificar nuestro ahorro o nuestros activos.

En el penúltimo nivel empezaremos a invertir, cuidando siempre de diversificar inteligentemente. Si bien todos sabemos lo importante de no poner todos los huevos en la misma canasta, es igual de inefectivo creer que estamos diversificando poniendo igual número de huevos en cada cesto. La educación financiera y la asesoría de un experto pueden ser herramientas muy valiosas en estos últimos dos niveles. Y hay buenas noticias sobre esa educación: cuando Kaiser, Lusardi y sus colegas revisaron 76 experimentos controlados en 2022, encontraron que sí tiene efectos reales y medibles sobre el ahorro, el presupuesto y el manejo de la deuda, con una condición que le viene como anillo al dedo a esta pirámide: funciona mejor cuando llega atada a una decisión concreta y en el momento oportuno.

En el último nivel, habiendo satisfecho todas las demás necesidades nos concentraremos en ganarle al mercado. La razón es simple: si no has resuelto tus problemas de gasto, si tu deuda está fuera de control, si no has ahorrado lo suficiente para tener un fondo de emergencias, si no cuentas con mecanismos para proteger tu patrimonio, y tampoco has invertido nunca en tu vida, es iluso pretender que por haber comprado unas bitcoins o estar en la inversión “de moda” tu vida financiera se va a solucionar en el corto plazo. Recordemos: el que apuesta por necesidad, pierde por obligación. Es en el último nivel, cuando has hecho el camino, que es hora de pensar en ganarle al mercado.

Manos a la obra

Claramente la vida no es tan lineal como el modelo de la pirámide de prioridades. Es muy probable que estemos enfrentados a tres niveles o más al mismo tiempo, en lo financiero o en lo vital.

Aun así, queremos invitarte a que empieces hoy por definir qué es lo más importante y a qué le quieres dar prioridad en tu vida. Es una pregunta que nos libera de las cargas que a veces nos ponemos sin darnos cuenta (que hay que tener un carro de cierta marca, que hay que vestir de cierta forma, que hay que…) y nos deja escoger, conscientes, cuáles de verdad queremos llevar.

Puede que termines vendiendo el BMW. Puede que termines vendiendo la casa. Lo que no debería pasar es que la decisión la tome por ti una prioridad silenciosa que nunca elegiste.

Publicado originalmente en Tranqui Finanzas (2018) · archivo ↗