«Bienestar» es una de esas palabras que se dejan abrir para ver qué guardan por dentro: bien y estar. Y estar es un verbo del presente, la condición en la que uno se encuentra aquí y ahora, muy distinto de llegar, alcanzar o conquistar, que apuntan siempre a un destino. Vale la pena tener esa distinción a la mano, porque en las últimas dos décadas hemos usado cualquier cantidad de términos para nombrar la misma inquietud, la de que las personas aprendan y se preocupen por mejorar sus finanzas personales: alfabetización financiera, educación financiera, libertad financiera, independencia financiera, bienestar financiero, entre muchos otros. No existe aún consenso sobre lo que cada uno significa; por eso conviene precisar de qué hablamos cuando utilizamos uno u otro término, y cómo esa definición influye en el discurso y las herramientas de quienes hacen formación en finanzas personales.
Los primeros, alfabetización financiera y educación financiera, son términos que adquirieron fuerza después de la crisis de 2008 y los utilizan principalmente quienes hacen política pública. En palabras de la OECD, se refieren al proceso por el que las personas mejoran su comprensión de los conceptos, los riesgos y los productos y servicios financieros, y desarrollan las habilidades y la confianza para ser más conscientes de los riesgos y las oportunidades, y así tomar decisiones informadas para mejorar su bienestar.
Durante años se dijo que este enfoque no lograba demostrar su impacto en las personas. La evidencia más reciente matiza el reproche: un meta-análisis de Tim Kaiser, Annamaria Lusardi y sus colegas, publicado en 2022 a partir de 76 experimentos con más de 160.000 personas en 33 países, encontró que la educación financiera sí mueve la aguja, sobre todo la del conocimiento y, de manera más modesta, la del comportamiento. Y ahí aparece el corte fino: enseñar sube bastante lo que la persona sabe y muy poco lo que la persona hace. Por eso medir el puntaje de un test termina midiendo justo lo que más sube y menos importa; lo que de verdad cuenta es cómo vive alguien su plata y no cuánto sabe de ella. Quizá por eso en los últimos años se han preferido incluso términos como capacidades financieras o competencias financieras, para insistir en que hay que impactar también las actitudes y los comportamientos de quienes reciben esta formación.
Mientras los conceptos de alfabetización, educación, capacidades o competencias han mostrado ser poco atractivos para el público general y, por lo general, se quedan en las decisiones y los programas de política pública, otro concepto ha capturado la atención de millones de personas a través de las redes sociales: la promesa de la libertad financiera.
El concepto de libertad financiera que más atención ha capturado es el que usan cientos de motivadores, facilitadores, blogueros, periodistas, vendedores y entrenadores para referirse a una o varias de estas promesas (entre otras):
«Haz que el dinero trabaje para ti, no tú para el dinero.»
«Ser empleado es trabajar para cumplir los sueños de otro; debes ser tu propio jefe.»
«Tu mayor meta debe ser generar un ingreso pasivo que te permita dejar de depender de tu trabajo para vivir.»
«Hay dos clases de personas en el mundo: quienes piensan como ricos y quienes piensan como pobres.»
«Si imitas los hábitos de los millonarios lograrás ser como ellos.»
«El éxito se mide por la cantidad de dinero o de activos que logres tener.»
Contrario a lo que sucede con la alfabetización y la educación financiera, la libertad financiera tiene un componente mayormente motivacional y está muy anclada a las metodologías de la industria de la auto-ayuda.
Aunque esa industria lleva años promoviendo este tipo de mensajes y ejercicios (en distintos campos de aplicación), existe un buen número de estudios que sugieren que, si bien pueden hacer sentir mejor a sus clientes en el corto plazo, estas técnicas son, en el mejor de los casos, ineficaces y, en el peor, dañinas. En palabras del psicólogo Richard Wiseman, «fantasear sobre el cielo en la tierra puede hacerte sonreír, pero es poco probable que te ayude a transformar tus sueños en realidad». El principal inconveniente de este enfoque es la falta de indicadores de impacto de sus programas, más allá de la emoción que logran despertar en quienes participan.
Por su parte, en enero de 2015, el Consumer Finance Protection Bureau de Estados Unidos sugirió que, después de casi una década de intentar definir, medir y comparar los resultados de la educación financiera, había un consenso emergente en cuanto a que la medida de éxito debía ser la mejora del bienestar financiero de las personas. Tras una investigación que involucró a la academia, el sector público y el sector privado, concluyeron que, si bien el ingreso o el patrimonio son importantes, no bastan para dar cuenta del bienestar de alguien, porque cada persona valora de manera distinta las cosas que son importantes para su vida.
En línea con el CFPB, nosotros creemos que el bienestar financiero es un estado en el que una persona puede cumplir con sus obligaciones financieras presentes y futuras, sentirse segura de su futuro financiero y ser capaz de tomar decisiones que le permitan disfrutar de la vida. Es una idea con dos caras: una temporal (del presente al futuro) y una de valores (seguridad y libertad). Al cruzarlas quedan cuatro casillas, y estar bien con la plata es habitarlas todas:
| Seguridad | Libertad de elegir | |
|---|---|---|
| Presente | Tener el control de las finanzas del día a día y mes a mes | Contar con la libertad para darse gustos y disfrutar la vida |
| Futuro | Poder absorber un golpe financiero inesperado | Ir camino a cumplir las metas |
Entendemos, además, que tanto la motivación como los conocimientos importan, pero que existen muchos otros factores que terminan por condicionar el bienestar financiero de una persona. Por eso, más que vender una fórmula, lo primero es tener claro desde qué enfoque trabaja quien dice formar en finanzas personales: de esa definición inicial (¿alfabetización?, ¿libertad?, ¿bienestar?) dependen las herramientas que usa y los resultados que después puede, o no, mostrar.
Y con eso volvemos a la palabra del principio. Bienestar nombra una manera de estar, no un lugar lejano al que llegar. Estar bien con la plata, hoy y de cara a mañana; ese, y no un número en una cuenta, es el resultado que vale la pena perseguir y medir.
Publicado originalmente en Tranqui Finanzas (2017) · archivo ↗