El oso que se prepara para hibernar acumula exactamente la grasa que le pedirá el invierno que conoce, ni una libra de más. La ardilla entierra las nueces justas para la temporada de escasez que le espera. La naturaleza guarda su colchón y lo dimensiona según el tamaño de su invierno.
Un fondo de emergencias sigue esa misma lógica. Tu invierno es el desempleo, o cualquier golpe que interrumpa tus ingresos, y por eso el tamaño de tu colchón se mide en meses de tu propio invierno. Y aunque al buscar en internet aparezcan cientos de miles de artículos con la fórmula universal del tamaño que debe tener y cómo construirlo, aquí preferimos mostrarte la lógica que existe detrás de este ahorro: las variables que tendríamos en cuenta para decidir qué tan grande debe ser y algunas orientaciones para que empieces a crearlo hoy.
Para la mayoría de personas, un fondo de emergencias no es algo que se cree de la noche a la mañana; por eso cuando nos vemos en casos de necesidad de tener tres o seis meses de salario ahorrados nos parece una tarea difícil de lograr y que requiere un esfuerzo considerable.
Paso 01 - Define el tamaño de tu fondo de emergencia
Es imposible planear cuándo y qué emergencias tendremos en el futuro; sin embargo, podemos estar seguros que habrá emergencias que atender en los próximos meses o años. Para que nuestra situación financiera no se vea afectada por una eventualidad, o para no tener que acudir a un crédito costoso por el afán, es que existe el fondo de emergencias.
Tres supuestos básicos para tener un ahorro de emergencia
El tamaño del mismo dependerá de la cantidad de riesgos a los que estamos enfrentados y el impacto que estos puedan tener sobre nuestras finanzas personales. Como es imposible calcular con una elevada precisión estos indicadores, partimos de dos supuestos para darle el tamaño ideal a nuestro fondo de emergencias. El primero: el mayor riesgo al que la mayoría de nosotros está expuesto es el desempleo, o que se interrumpan nuestros ingresos por un periodo prolongado. El segundo: existen riesgos menos probables, pero cuyo tamaño puede ir desde una fracción de nuestro salario hasta más de un mes de trabajo; si no tenemos un ahorro o un seguro que nos proteja, tendríamos problemas para pagar incluso nuestros meses de gastos normales y pondríamos en riesgo toda nuestra estabilidad financiera.
Con base en estos dos supuestos es que decidimos que el tamaño de nuestro fondo de emergencias lo mediremos en función del tamaño de nuestros gastos mensuales. Por esta razón, si no tenemos un presupuesto básico, no será posible calcular entonces el tamaño que debe tener el fondo.
Usualmente se hace un tercer supuesto, que el tamaño del fondo de emergencias es independiente a si eres hombre o mujer. Nosotros creemos que hay una diferencia por el primer supuesto que anunciamos anteriormente. En Colombia, por ejemplo, el tiempo que una colombiana dura en promedio desempleada es diferente a la duración del desempleo en el caso de los hombres.
Diferencias en el fondo de emergencia para hombres y mujeres
En nuestro país (las cifras varían según la fuente y el año, así que tómalas como orden de magnitud), si eres hombre y estás desempleado, durarás, en promedio, entre 1,9 y 4,3 meses en conseguir un nuevo trabajo. En cambio, si eres mujer y estás desempleada, durarás, en promedio, entre 2,8 y 7,2 meses en conseguir un nuevo trabajo. Ahora bien, independientemente de si eres hombre o mujer, es importante hacer todos los esfuerzos por conseguir empleo antes de cuatro meses, porque después de este tiempo se eleva considerablemente la probabilidad de seguir desempleado por varios meses más.
Podríamos ahondar en muchas otras variables para delimitar aún más el tamaño del fondo (nivel educativo, edad, estado civil, número de hijos), pero el dato por género es el más fácil de rastrear y un buen punto de arranque. Con él en mano, si eres hombre y vives en Colombia, el tamaño de tu fondo de emergencias debe ser de mínimo 2 veces el valor de tus gastos mensuales, con un ideal de 4. Si eres mujer, y vives en Colombia, el tamaño de tu fondo de emergencias debe ser de mínimo 3 veces el valor de tus gastos mensuales, con un ideal de 7.
Ahora bien, ese rango por género es apenas el punto de partida. Lo que de verdad define el tamaño de tu colchón es tu riesgo individual: qué tan estable es tu empleo, en qué sector trabajas, si cotizas como formal o rebuscas como independiente, y sobre todo si tu casa vive de un solo ingreso o de varios. Si eres el único que lleva plata al hogar, trabajas por contratos cortos o en un sector que se mueve con el viento, inclínate hacia el extremo alto del rango. Si hay doble ingreso y un empleo firme, con el extremo bajo te alcanza. La cifra por género te da el marco; tu situación concreta le pone el número.
Cuando haces el cálculo de 2, 3, 4 o 7 veces el valor de tus gastos parece bastante dinero, ¿cuánto tiempo entonces tenemos para hacer nuestro fondo de emergencias y cómo lograr ahorrarlo completo?
Paso 02 - cómo crear un fondo de emergencia
El tiempo depende de qué tanto espacio tengas en tu presupuesto para el ahorro. Para encontrar la respuesta es muy importante que hagas una planeación básica de tus ingresos y tus gastos.
Organiza tus cuentas de forma que te sobre dinero al final de cada mes y destina este dinero a crear tu fondo de emergencias; a manera de guía, si gozas de una buena estabilidad laboral y puedes ahorrar el 10% de tu ingreso, completar tu fondo te tomará entre 20 y 30 meses.
Si no tienes mucha estabilidad laboral, o si tus gastos no te permiten ahorrar al menos el 10% de tu ingreso, revisa si puedes hacer ajustes y liberar espacio para el ahorro. Otra alternativa, es que asignes un ahorro mínimo de cada pago que recibes (ej. el 5%), y cada vez que recibas un pago extra, o por encima de un valor que tú defines, lo llevas directamente al fondo de emergencias.
La ecuación es sencilla. Al quitar todos tus gastos de tus ingresos, debe sobrar dinero. Ese dinero es el que utilizarás mes a mes para crear y hacer crecer tu fondo de emergencias hasta que completes el tamaño que hayas decidido darle.
Un matiz antes de seguir: si cargas una deuda cara (una tarjeta de crédito, por ejemplo), el costo de oportunidad juega en contra de sobre-inflar el colchón. Arma primero un fondo mínimo y dedica el resto a pagar esa deuda antes de perseguir el ideal.
Ahora bien, en caso de que tengas un contrato laboral (no importa si es a término fijo o indefinido) puedes también considerar destinar la prima de servicios a la creación de tu fondo de emergencia.
Aquí surge una nueva pregunta... y mientras tanto, ¿en dónde guardo ese dinero?
Paso 03 - dónde guardar el fondo de emergencia
Recuerda al oso del principio: guarda un colchón, pero no lo metas debajo del colchón (ni en la alcancía). Son técnicas de ahorro que están a la mano y no exigen filas ni trámites, pero quedan expuestas al mayor peligro para el ahorro: nosotros mismos.
Nuestros cerebros han desarrollado una asombrosa capacidad para encontrar justificaciones de cosas que parecen emergencias pero no lo son, como un descuento del tipo "solo por hoy" o "unidades limitadas", o un concierto del tipo "por primera y única vez en Colombia". Estas cosas no clasifican como emergencias; para estas podemos ahorrar asumiéndolas como objetivos de corto, mediano o largo plazo si es el caso.
En consecuencia, tendremos que buscar un producto financiero que:
- Nos dé una rentabilidad, aunque sea mínima, y que evite que nuestro dinero pierda valor por la inflación.
- Sea "a la vista". Es decir, que podamos acceder a nuestro dinero fácilmente y al mismo tiempo nos permita mantener el ahorro. Por eso evita que se encuentre disponible en una cuenta corriente donde puedes retirar siempre que lo desees.
El colchón y la alcancía son herramientas muy a la vista, pero exponen nuestros recursos a nuestros antojos o a que se pierdan o se los roben y no pagan ningún interés.
Un CDT o un Fondo de Inversión Colectiva (FIC) son alternativas muy interesantes (en especial los FIC) para guardar el dinero de un fondo de emergencias. Vale la pena comparar las opciones del mercado antes de decidir, porque las rentabilidades cambian de un mes a otro.
Paso 04: crear el hábito
El secreto para lograr tener un fondo de emergencias está en la constancia con que ahorremos para lograr nuestra meta. Como ya hemos dicho, el principal enemigo de un fondo de emergencia somos nosotros mismos y las cosas que empezamos a desear cuando vemos que hemos logrado ahorrar un monto interesante de dinero.
Y vale una confesión del oficio: muchos de los «truquitos» mentales que se pusieron de moda para ahorrar, una alarma o un afiche motivador, resultaron más flojos de lo que se creyó cuando quedan librados a la pura fuerza de voluntad. Por eso el hábito se sostiene mejor cuando sacamos la voluntad de la ecuación y dejamos que la plata se mueva sola, por retención automática, antes de que pase por nuestras manos.
Para lograr ahorrar es recomendable cumplir dos condiciones:
- Tener un mecanismo que nos recuerde y nos obligue a ahorrar.
- Tener un mecanismo que proteja nuestro ahorro de los antojos camuflados como emergencias.
Mecanismos de compromiso para proteger nuestro fondo de emergencias
Un buen mecanismo para ambas condiciones puede ser el apoyo de nuestra pareja, nuestros padres, o un muy buen amigo. Alguien a quien podamos pedirle el favor de supervisar nuestro ahorro o, incluso, de administrarlo (en cuyo caso, claramente, tiene que ser una persona en quien podamos confiar a ciegas).
Otro mecanismo puede ser aprovechar los fondos de empleados (si nuestra empresa cuenta con uno) y pedirles que nos retengan automáticamente el 10% de nuestro salario (generalmente los fondos dan rendimientos sobre esos ahorros); el hecho de que tengamos que hacer una solicitud de retiro de esos ahorros cuando los necesitemos, nos ayudará a poner un paso extra en el camino cuando queramos solicitarlos y pensar si realmente es una emergencia.
Eso sí, cuida el tipo de fricción. Un paso extra, un tercero de confianza o el fondo de empleados sirven porque te hacen pensar sin cerrarte la puerta; un candado rígido, con penalización por retirar, te obliga a endeudarte caro justo cuando llega el golpe, que es cuando el fondo debe abrirse. Esa es la razón de que lo queramos "a la vista".
Sin embargo, nadie mejor que nosotros mismos para descubrir qué mecanismos podemos crear para asegurar el hábito de ahorro y alejarnos de la tentación en el uso que hagamos del fondo de emergencias, entre otras, porque nadie como nosotros sabemos las excusas que nos inventamos para "hacernos trampa".
Vale la pena aclarar que evitar la tentación no significa que no podamos disponer de nuestro dinero para hacer las cosas que disfrutamos y que "nos merecemos"... ¡claro que podemos! solo que no con el fondo de emergencias; para eso está el resto de nuestros ingresos y todos los otros ahorros que logremos hacer. Cuándo echar mano del fondo de emergencias, y qué hacer una vez lo hayamos utilizado, es harina de otro costal; pero la disciplina para no tocarlo antes de tiempo es la que primero hay que construir.
Publicado originalmente en Tranqui Finanzas (2017) · archivo ↗